martes, 3 agosto 2021
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Ori y la esencia de un juego indie

Pensar en Ori and the Blind Forest es, para mí, pensar en el confinamiento que provocó la pandemia global de la Covid-19. El primer gran juego de Moon Studios fue, junto a Bloodborne, el título que definió esa complicada etapa y que me ayudó a sobrellevar de mejor manera las horas en casa y, en general, una situación tan anómala. Y es que, justo antes de la irrupción del virus, me encontraba en una situación extraña como jugador. Acababa de terminar mi segunda partida de Hollow Knight y el cuerpo me pedía otro metroidvania en vena, aunque supiera que muy probablemente ninguno conseguiría llegar al nivel de la propuesta de Team Cherry. Fue entonces cuando las ganas de darle una oportunidad a Xbox Game Pass me pusieron sobre la mesa Ori and the Blind Forest, un juego que por aquel entonces estaba en boca de prensa y jugadores por la cercana salida de su secuela, Ori and the Will of the Wisps, y que realmente no me defraudó.

Ori and the Blind Forest
Ori and the Blind Forest (Moon Studios, 2015)

Antes que nada, debo aclarar que, pese a las opiniones y las sensaciones que me han causado ambos títulos, Ori se ha hecho un hueco en mi corazón y en la lista de juegos que más me han gustado. Pero esto no quita que, para mí, la esencia que hacía de Ori un juego especial se haya disipado casi por completo entre ambas entregas.

No me tiemblan las manos cuando afirmo que cogí los mandos por primera vez con bastantes dudas. Debido a que el juego de Moon Studios ya llevaba un tiempo en el mercado, había escuchado gran variedad de críticas, desde aquellas que lo alababan por su arte, su propuesta metroidvania o su cuidado mundo, hasta las que lo criticaban por su elevada dificultad en algunos puntos o por la poca precisión a los controles que otorgaba el juego. Una vez superado el primer juego, ya viéndolo con cierta perspectiva, debo decir que prácticamente todos los problemas que se achacaban al juego -tosquedad a los mandos, zonas de plataformas complicadas o una escasa narrativa, por ejemplo- son ciertos, aunque también, a su vez, todo lo malo que tiene el primer título ayuda a crear una esencia que hace de Ori una saga a tener en cuenta.

Ori and the Blind Forest no es un juego demasiado preciso a los mandos -siendo casi tan tosco como Blasphemous, hecho que hace que la exploración y el combate se conviertan inicialmente en un reto para el jugador debido a la gran cantidad de imprecisiones. Esto sería aún peor teniendo en cuenta que Ori and the Blind Forest se trata de un juego que premia la exploración y que se aferra principalmente al concepto del plataformeo, pero, pese a esta limitación, Ori juega muy bien sus cartas.

La problemática causada por la tosquedad del juego se diluye rápidamente cuando aprendes a dominar los saltos y las fases de plataformas, que suponen el mayor reto del título debido a que, en él, el combate está claramente en un segundo plano. Esto hace de Ori and the Blind Forest un juego corto y centrado en un mundo pequeño, que invita a ser explorado íntegramente sin apenas sufrir interrupciones provocadas por los combates, que además se pueden evitar totalmente debido a que no aportan beneficio alguno al jugador.

De este modo, la apuesta por el plataformeo por delante del combate define el camino que sigue el título, que también cuenta con otros elementos que refuerzan aún más este discurso. Entre estos destacan, principalmente, el lore del juego, que justifica la poca presencia de vida en Nibel, y el guardado manual, que da la posibilidad al jugador de afrontar más eficientemente los puzles más rebuscados. Juntando todos estos puntos, Moon Studios fue capaz de crear un juego sin demasiadas aristas, consciente de sus limitaciones y que sabía aprovechar sus puntos fuertes para crear un ambiente mágico respaldado por un arte exuberante. Y pese a contar con unos aspectos bien definidos, el cambio de rumbo que sufrió la segunda entrega acabó con la esencia que, para mí, marcaba a su predecesor.

Ori and the Will of the Wisps
Ori and the Will of the Wisps (Moon Studios, 2020)

Ori and the Will of the Wisps presenta, de buen comienzo, un mayor número de barreras de entrada que su predecesor, que no se ven respaldadas por ninguna corrección en los fallos ya presentes en Ori and the Blind Forest. Así, pese a haber mejorado en términos de jugabilidad, la secuela es un juego igualmente tosco en todas las fases, principalmente en el combate, que para mí origina los mayores problemas del título. A diferencia de la primera entrega, en Ori and the Will of the Wisps el combate pasa a tener un papel prácticamente protagonista, llegando a superar al plataformeo, transgrediendo totalmente la propuesta que nos presentó el primer gran juego de Moon Studios.

En la segunda entrega, combatir se convierte en una necesidad y una obligación, ofreciendo al jugador armas y combates contra jefes en cantidades industriales. De esta manera, la alternación constante entre combates y puzles se convierte prácticamente en un ciclo sin fin, pese a que las zonas de plataformas siguen estando bien diseñadas y retan al jugador. A grandes rasgos, las fases de lucha se convierten en un incordio que rompe el curso natural de un título que ya no brilla tanto en lo que lo hacía especial.

A todo esto se le tienen que sumar también algunos detalles que contribuyen a difuminar y alejar Ori and the Will of the Wisps del concepto que proponía su predecesor. Uno de los más esenciales para mí es la pérdida total de los puntos de guardado manuales, que, a través del guardado automático, quita de las manos al jugador la posibilidad de decidir cómo y cuándo fijar un punto seguro. Además, el lore que en la primera entrega ayudaba a congeniar toda la propuesta de Moon Studios se desvanece totalmente, con una historia mucho más estándar que nos sitúa en un mapa gigantesco que ya no invita tanto a la exploración y que, al poco de empezar, ramifica mucho la jugabilidad con misiones totalmente secundarias que, en la mayoría de casos, despistan al jugador a cambio de un botín casi nulo.

Ori and the Blind Forest
Ori and the Blind Forest (Moon Studios, 2015)

Ori and the Will of the Wisps abraza las tendencias del videojuego actual. El músculo técnico, la mayor complejidad en sus mecánicas y todas las mejoras que Moon Studios ha incluido en esta segunda entrega lo convierten en uno de los referentes actuales del género. Sin embargo, el lastre que ha soltado Will of the Wisps para recorrer este camino incluye en sus deshechos esos pequeños detalles que hacían de Ori un título especial, diferente. Will of the Wisps aparenta ser Blind Forest más grande y complejo, pero en ese proceso de crecimiento en forma y composición la segunda entrega pierde el alma que definía el nombre de Ori.

Eloi Puigferrer Grau
Periodista. Lo encontrarás entre páginas de periódico y pelotas de béisbol, pero siempre con un mando a mano y con ganas de hablar de videojuegos.

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