martes, 3 agosto 2021
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What Comes After, o por qué nueve vidas son mejores que un gran cerebro

Siempre le doy mil vueltas a todo. Mis momentos predilectos son la ducha de buena mañana o esos minutos en la cama antes de dormirme. Pienso en cómo estoy, en cómo soy, en si estoy haciendo las cosas bien o si estoy desperdiciando mi tiempo. Son temas recurrentes, que casi parece que estén abonados eternamente a mi consciencia. No se cansan de venir, pasearse por mi cabeza, soltar sus dos o tres frases de autor e irse, esperando a la próxima velada para volver a la rutina.

Esta situación que describo no deja de ser, imagino, algo usual en los seres humanos, pero sirve para sacar a relucir los automatismos que definen nuestra forma de pensar. Es fácil sobreanalizar las cosas, y muchas veces esto nos lleva a aumentar nuestra preocupación, expandir nuestra indecisión o sacar conclusiones que no se fundamentan en otra cosa que no sean nuestras cavilaciones.

What Comes After sabe de lo que estoy hablando, y es una invitación a tomarnos las cosas con más calma y a querernos un poco más a nosotros mismos. Este videojuego es obra de Mohammad Fahmi “fahmitsu”, un desarrollador indonesio que también trabajó en Coffee Talk, título publicado a principios de 2020.

Tráiler de What Comes After

En esta obra controlamos a Vivi, una chica joven que se queda dormida en el trayecto de metro de vuelta a casa y al despertar se encuentra en un tren que se dirige al más allá, una reimaginación moderna de la barca de Caronte que transporta a todos los seres que perdieron la vida ese día. Pronto nos damos cuenta de la situación y, al encontrarnos con la encargada de la locomotora, nos dice que no nos preocupemos, que cuando el tren llegue a su destino, nos llevará de vuelta al mundo de los vivos. Esto supone, sin embargo, tener que esperar a que termine el trayecto, lo que nos da la excusa perfecta, si así lo decidimos, para explorar la locomotora y conocer a sus pasajeros.

La presencia de Vivi en este tren es una excepción en el reglamento, pero no una excepción sin fundamento. What Comes After no nos cuenta los detalles ni entra en los motivos, pero queda claro que nuestra protagonista ha contemplado la idea del suicidio en algún momento, quizás incluso ha intentado llevarlo a cabo. El primer pensamiento que tiene Vivi al darse cuenta de dónde está no es el de lamentar su posible muerte, sino el de aceptarla casi como un premio de lotería. Solo es cuando se da cuenta del efecto que esto tendría en otras personas cuando empieza a preocuparse por esa posibilidad. Incluso las sensaciones que podrían causar al empleado de limpieza que le hubiera tocado retirar su cuerpo del vagón o a la persona sentada a su lado en el metro le generan un impacto mayor que ella misma.

What Comes After

Nos queda claro, y el juego nos lo subraya con sus diálogos, la falta de amor y confianza que Vivi siente por sí misma. Sus interacciones con los pasajeros del tren suelen ir acompañadas de “perdón” y “lo siento”, como corazas ante la posibilidad de haber podido herir la sensibilidad de los otros. No solo eso, sino que constantemente exterioriza lo cuesta arriba que se le hace la vida, cómo no aporta nada de valor a los que la rodean y por qué piensa que toda la culpa de esto se encuentra en su persona, y no en nadie ni nada más.

Es el viaje a través del tren el que, poco a poco, va generando una autoconsciencia en Vivi de esta situación. Un viaje construido a través de conversaciones con los seres que están siendo transportados a “lo que viene después”. Es a través de la muerte que What Comes After nos habla de la vida. La consciencia de conocer su propio final lleva a los interlocutores de Vivi a reflexionar sobre sus trayectos vitales. Unos lo hacen con arrepentimiento con lo que han hecho -o con lo que les ha quedado por hacer-; otros, con conformidad y aceptación ante lo inevitable; y algunos reciben este final con alivio e incluso alegría, por reencontrarse con quien perdieron tiempo atrás o por poner fin a un sufrimiento constante.

What Comes After

Son varios los encuentros que denotan mayor importancia que el resto -el propio juego lo exterioriza con su interfaz-, pero hay dos en particular que resultan especialmente reflexivos, al menos para mí. El primero es impactante desde el primer momento, pues se trata de un recién nacido. Al contraponer los pensamientos de Vivi, una joven adulta, con la lógica infantil del bebé, reflotan las lagunas en las creencias de nuestra protagonista. ¿Realmente es culpa suya que la vida se sienta difícil? ¿Cómo llegó a esta conclusión?

La segunda conversación la encontramos al final del juego y nuestra interlocutora es una gata negra. Es aquí donde el título de este artículo encuentra su lugar y donde se hace un intento por poner cara y ojos al problema de Vivi. La alarmante falta de confianza en sí misma provoca que actúe siempre con cautela, dubitativa, sin creerse capaz de poder hacer nada importante. Estas sensaciones bailan en su cabeza, rebotan por sus paredes y se retroalimentan constantemente hasta definir la concepción que tiene de sí misma. “A veces siento que nuestros cerebros solamente nos hacen las cosas más duras”, le confiesa Vivi a la felina, en un acto de autorreconocimiento de sus procesos mentales.

What Comes After quiere que nos queramos más. Quiere que seamos conscientes de que, en muchas ocasiones, nuestros problemas se sobredimensionan por el mero hecho de existir dentro de una cámara de eco. Y es muy interesante ver cómo nos lo transmite el juego; porque en What Comes After, la figura del jugador se reduce prácticamente al de un observador: nosotros controlamos los movimientos de Vivi, pero no qué respuestas da en sus conversaciones. Esta es su historia, no la nuestra, pero es una de la que podemos aprender. Y, de este modo, quizás no nos hacen falta las nueve vidas de un gato para seguir adelante.

Marc Vilajosana Font
Periodista. Ha pasado por eldiario.es, NextN y DeporteyOcio entre otros, y ahora intenta aplicar las clases de periodismo al mundo de los videojuegos.

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